Las piezas tienen un inicio aleatorio: el salpicón. Si bien es verdad que se juega con las distintas disoluciones del acrílico, a veces se agita y no se revuelve, el resultado inesperado depende en gran medida de la proyección sobre la tela. Este primer proceso pretende romper con las ideas prestablecidas antes de empezar con los descubrimientos.
Después viene el abrir los ojos al misterio y descubrir en lo aleatorio interpretaciones. Con esta observación intensa se obtiene un acceso a “el otro”, sacado del inconsciente. Se leen diferentes figuras, casi siempre caras, que conviven en una misma mancha desvelando historias inesperadas como un cadaver exquisito. La cultura es una realidad en disputa sobre la que existen gran variedad de interpretaciones.
Este juego surrealista pretende estimular la relación con la obra, animando al descubrimiento y reinterpretación constante de unas manchas que, al final, no son tan simples ni aleatorias.